Cohetes y repiques de campanas
anuncian que lo cotidiano ha muerto,
el ayer permanece muy lejano,
regalos de Dionisio se han abierto.
La fiesta de oro se ha engalanado,
vestida de canciones y sonrisas;
danzan los cuerpos seduciendo al aire,
siguiendo la cadencia de la música.
¡Que alejados están ya los problemas
en el desierto de los olvidados!
los cánticos de alegría y la danza
han ido tras ellos, los han expulsado.
Los atuendos idénticos ambulan
por las luminosas calles vestidas
con guirnaldas, globos y farolillos
exaltando identidad colectiva.
Los mozos que buscan la madurez,
en la gran vendimia que Baco ofrece,
en el flirteo fijo con las mozas,
en exhibición varonil, a veces.
Ya ha terminado la querida fiesta,
pensando ya en la del año que viene,
es tradición que oxigena la vida
de los pueblos que casi nunca mueren.
José Antonio Artés
No hay comentarios:
Publicar un comentario