Te visitó el amor en la frescura de tus encantos,
cuando tu vida se maquillaba de un color extraño,
verde era el color de tu corazón, y frágil su llanto
por ese temprano amor que te provocaba hasta daño.
Quizá estabas enfermizo por un romántico empacho,
de esa glotonería que persistía hasta el desmayo,
de esa endulzada fruta que se comía cacho a cacho,
de esas flores blancas que se cortan en el mes de Mayo.
La noche era como el día, y el día como la noche,
la misma lámpara de luz, y el mismo plácido rayo
de ese amor tan arraigado que regabas con derroche.
Esa romántica droga que llaman primer amor,
es una llaga que del todo no cura, una flor fósil
que aunque huracanes pasen, no desaparece su olor.
José Antonio Artés
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