Desde mi infancia he disfrutado,
con aquellos buenos sabores,
de un doméstico plato amado
y sus tan intensos olores.
Simple con pocos condimentos,
tres invitados al deleite,
conejo, tomate y pimiento,
danzando encima del aceite.
El aceite virgen de oliva,
baña al conejo troceado,
salteado en la carne viva,
y según por quien, pimentado.
¡Que goce de finas esencias ¡
Con aquel pimiento fritado,
el apetito ya comienza,
la ansiedad casi ha comenzado.
El tomate es el más tardío,
su presencia se manifiesta,
el plato ofrece desafío,
el almuerzo será una fiesta.
José Antonio Artés
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