Recuerdos a raudales
que en mi mente moran,
la calle de cuatro portales,
aquella que mi corazón añora.
Sin asfalto, de tierra cicatrizada
por las secuelas del invierno,
ya en primavera se vestía,
con un aire más tierno.
En frente, un monte arbolado,
coronado por un castillo,
que, aunque viejo y gastado,
su nobleza iluminaba con brillo.
A ella me entregaba
en los días veraniegos, lasos,
juegos infantiles practicaba,
en el frescor del ocaso.
Engalanada en las fiestas
acogía con armonía,
las alegrías manifiestas,
mostrando su coquetería.
Ya entrado en la pubertad
Con la niñez dormida,
sus lazos de identidad,
formaron parte de mi vida
José Antonio Artés
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