Andaba yo, paseando por la orilla,
junto a las aguas que el mar agita,
con una luz cegadora, inaudita,
que en La isleta del Moro brilla
Mirando el islote, antaño asilo,
de piratas norteafricanos,
y esas aguas limpias, que en mis manos
se deslizaban suavemente como un hilo
Que belleza tan salvaje, pensé,
este regalo, que la naturaleza nos ha dado,
cerca de Los Escullos, ubicado,
que desde el mirador, más tarde observé.
Niños agrupados, llamaron mi atención,
la curiosidad de una barca llena de pescados,
que todavía revoloteaban como asustados,
les causaba una especial emoción.
Sus casas blancas montadas en el Islote,
cuyo nombre lleva la pedanía,
hermosean la tierra volcánica fría,
evitando que su belleza natural, no se agote
José Antonio Artés
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