martes, 29 de abril de 2025

El Apagón

 

La casa era un murmullo de costumbres,
una respiración eléctrica
que se deslizaba sin hacernos ruido.
El mundo cabía en una lámpara,
en la pantalla azul
que nos hablaba sin pedir nada,
en el gesto mecánico
de apretar un botón
y disipar la oscuridad.


Pero el apagón llegó,
como llegan las verdades:
sin previo aviso,
sin excusas.
Y entonces, la noche nos miró de frente,
sin filtros ni suavizantes.
Las paredes respiraron distinto,
el tiempo se distorsionó,
y descubrimos que el silencio
también tiene voz
cuando se paran los motores.


No era solo la falta de luz.
Era la caída de una fe discreta
en la rutina vestida de certeza,
en la ducha caliente,
en el café servido a la hora exacta,
en la idea de que todo seguirá igual
porque sí,
porque lo merecemos,
porque no sabemos vivir de otro modo.


El apagón fue un espejo
que reflejó, como un destello incómodo,
lo que no queríamos ver:
somos frágiles,
más de lo que nos gusta admitir,
adictos a una calma falsa,
a una seguridad prestada
por cables, redes y enchufes.


Y allí, en esa sombra
que no supimos gestionar,
nos encontramos sin pretextos,
con los ojos abiertos
al temblor de lo real.


José Antonio Artés

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