El tiempo nos ofrece un viaje sin pausa,
deja su voz en las huellas diarias,
nos invita a salir, a perdernos en las calles,
a ser lo que fuimos y lo que nunca seremos.
Nos da la certeza del sol en la frente,
el asombro intacto del niño en la arena.
Nos tiende las manos de cada jornada,
regala su tacto y espera respuesta.
Nos recuerda los rostros de seres queridos,
como faros, como casa, como fuego encendido.
Nos salvan del eco de tanta distancia,
nos llenan la sombra de un sueño compartido.
Nos ofrece libros, preguntas y dudas,
un mapa infinito de luces y voces.
El tiempo es una escuela sin muros ni límites,
una puerta abierta a mundos remotos.
También nos despoja, también nos eclipsa,
se lleva el latido sin darnos aviso.
A veces nos deja sin nombre en los labios,
a veces se calla y nos cubre de olvidos.
Mas todo es vida, la herida y el beso,
las calles que empujan, la risa y la sed.
Que el tiempo en su viaje nos libre de peso,
que el tiempo nos deje aprender a querer.
José Antonio Artés
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