Todas las noches tomo mi medicina
la píldora lectura que me distrae,
texto somnífero de letras que atraen
los dulces sueños con cierta disciplina.
Como sin querer que llegue otro mañana,
prolongo las campanadas de la noche,
donde el silencio ofrece calma y derroche
de tristeza, porque el día ya se acaba.
Noto el flujo tedioso de la rutina
que intenta atrapar a mis pensamientos,
conduciéndolos por un camino lento
de un móvil péndulo que nunca termina.
Allá la vida corre casi cansina,
en ese camino soso y previsor,
que ve ideas por el retrovisor
del mañana, que hacia el presente caminan.
Pero el yo aventurero, el ancla recoge,
y toma el timón de su propio velero,
rumbo hacía un fantástico paradero,
en ese mar de aventuras que le acoge.
José Antonio Artés
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