Por las mañanas en la puerta saludo
a Luisa, la portera del edificio,
mujer capaz, fisgona sin disimulo,
y servicial, de constante sacrificio.
Es la transmisora de lo noticiable
con una técnica simple del mensaje
qué como la tecnología sin cable
atesora su eficiencia y su bagaje.
Las tardes, normalmente, están ocupadas
por lerdas habladurías recurrentes,
seducidas por la fresca campanada
que la curiosidad golpea en sus mentes.
¿Luisa, sabe algo de la nueva inquilina?
hay rumores de su vida trastocada,
duerme de día, con noches sibilinas,
esto nos inquieta desde su llegada.
Es una persona amable y educada,
hablé con ella la semana pasada,
trabaja en el hospital La Inmaculada,
de médico de noche, estas dos semanas.
José Antonio Artés
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