Besos húmedos del cielo
que acarician levemente
la mejilla de la tierra.
Perlas transparentes del cielo
que al fundirse con el mar
se amigan para siempre
Lágrimas fugaces
que acarician campos,
brotan vida
y se disuelven
en el río.
Charcos tímidos
adornan el camino,
con susurrantes huellas
bajo los pies.
Cabellos mojados,
ropa empapada,
zapatos vencidos
en el murmullo de la calle.
La tarde escribe
su historia gris
en los cristales,
mientras la noche enciende
luces frágiles
sobre el asfalto dormido.
José Antonio Artés
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