Caminando junto a la orilla,
me atrajo una melodía,
era el mar quien la componía,
y el cantar de una ola yo oía.
Lamiendo de la playa su arena,
con una espuma tardía,
sabiendo que ya moría,
sin agua, perdida en la arena.
Me sedujo una serenata,
de bellas sirenas,
de letras y penas,
y una tristeza ingrata.
Vendrá otra oleada,
hermanas de la de antes,
onduladas acompañantes,
para no dejarla en la nada.
Portarán otra aureola,
y letras que no destellan,
como solitarias estrellas,
inigualables a aquella ola.
José Antonio Artés
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