La fuente de las emociones no fluía,
cuando más fluidez necesitaba,
cuando mi infancia sedienta estaba,
y el cántaro sin agua, de sed moría.
Me alejé tan lejos de la empatía,
que se congelaron mis sentimientos,
construyendo los cimientos
de la casa del alma fría.
Hogar de las mentes abandonadas,
donde duerme el egoísmo,
de los espejos de uno mismo,
donde no se refleja nada.
Abandoné los abrazos serios,
solo saludos disimulados,
enfriando el afecto humano,
ofreciendo a la amabilidad, su destierro.
Arrepentido de los años de desamor,
quisiera bucear en mis adentros,
y recuperar aquellos sentimientos,
para volver al mundo del amor.
José Antonio Artés
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