miércoles, 29 de septiembre de 2021

Siesta infantil


Tumbado en mi cama,

una suave brisa entraba,

por la persiana entreabierta,

y unos pequeños rayos de luz,

mi cuerpo iluminaban.

 

El ruido del silencio,

la ansiedad por salir a la calle,

 celebraban sus nupcias,

participando en un festejo,

que no me dejaba dormir.

 

Una vuelta y otra vuelta,

mi cuerpo se zarandeaba,

inquieto en la búsqueda,

de aquel sueño temprano,

que nunca llegaba.

 

Por fin, mis pensamientos

dejaron de tener dueño,

un ligero peso en mis ojos,

repentinamente aparecía,

cayendo en un dulce sueño.

 

Un par de horas en letargo,

hasta entreabrir mis ojos,

un malhumor amargo,

soportado breve tiempo,

hasta evaporar mi enojos.


 

José Antonio Artés

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